Los designios del V Reich en la campaña de Punka CAPÍTULO #2

12/03/2020

 

CAPÍTULO  2:

DEL ENCUENTRO CON UNOS PANDILLEROS VIKINGOS SEDIENTOS DE SANGRE

 

 

En vista de que ningún miembro de la banda sufrió ningún rasguño en la anterior misión, el mariscal de la Waffle-SS, el insigne Water von Brauchitsch, puso a sus hombres a trabajar para ampliar su centro táctico. La chapa que les va a dar cuando tenga la pizarra vileda clavada en la pared: que si maniobras de envolvimiento, que si chuparse el dedo para notar la dirección de viento, que si las mazas funcionan mejor si impactas directamente en el cráneo del enemigo...

El resto de las chapas conseguidas en el anterior encuentro fueron guardadas a buen recaudo en la caja fuerte.

 

Después de pasar revista aquel grupo de subordinados a los que estaba empezando a coger cariño parecían más preparados para la acción. Su mirada les delataba.

El temblor de Ottro al sujetar la pistola había cesado.

Wilhelm parecía con más energía de lo normal.

Rainhard en su línea, seguro de lo que hacía.

Y Fritz y Erich... bueno, ellos seguían siendo dos monguer de cuidado.

 

Con este plantel la banda se dispuso a salir a buscar material para la pistola de Ottro. Una buena bala en pecho enemigo siempre era un elemento disuasor. Como venía siendo habitual, Water dejaba a uno de sus subhumanos para guardar el fuerte y para que aprovechase para entrenarse un poco. Esta vez le toco a Fritz. 

Pues con todo esto y con el rumor de un antiguo cargamento de material bélico encontrado hace poco al sur del asentamiento de la SS, el lugar parecía un buen sitio para empezar a buscar. También parecía un buen sitio para la banda del los punkies vikingos esos de los que había oído hablar. Fervientes adoradores de Odín y con ganas de llegar al Valhalla, provocaban miedo nada más verles. Y encima iban muy bien armados. En la lejanía se veían dos pistolas y dos filos de tamaño medio y un arco. 5 vs 5 tampoco parecía una buena idea, pues Water contaba con un monguer en sus filas que servía para bien poco (o eso creía él). Así que lo único que podía salvarles era que contaban con el sentido táctico superior de un mariscal del V Reich que había estado a las órdenes y aprendiendo del más grande: el infame Craneo Rojo.

 

Viendo que los vikingos se extendían por el campo de batalla, Water decidió parecer que sus chicos hacía lo mismo para luego juntarse en un lado y acabar con los enemigos uno a uno con superioridad skin. En el centro había un círculo de piedras que seguramente había pertenecido a alguna banda chamánica, y que daba la suficiente protección para bordearla por uno u otro lado y separar las fuerzas vikingas.

 

Así se desarrolló el principio de la batalla. Ottro corrió a buscar balas en una caja cercana y se encontró con una bala roñosa que utilizaría más adelante. Después avanzó para tomar una buena posición de disparo. Wilhelm y su filo medio se escondieron detrás del cúmulo de pedruscos esperando el momento de atacar. Enfrente estaba lo que parecía la líder contraria, con un arco tenso, una flecha colocada y apuntando para disparar en cualquier momento, dando cobertura a uno de sus minions que se acercó a una de las cajas de suministros que tenía cerca. Aprovechando que el pandillero estaba apunto de abrir la caja y su mirada no estaba en la batalla, Wilhelm corrió hacia él y le clavó su pincho en la espalda, dejándolo fuera de combate fácilmente. Las palabras de Water sonaron por el walkie-talkie de Wilhelm, instándolo a correr hacia el arquero para acabar con él. Pero eso nunca llegó a suceder. Una flecha se clavó en el cuerpo del seguidor del V Reich y calló de espaldas sobre el duro suelo. Tenía que haberse quedado escondido detrás de la caja de suministros que igual le hubiera proporcionado una buena cobertura.

 

Por el otro flanco los 3 vikingos restantes eran muy superiores al subhumano y a Rainhard y su maza. Water los silbó para que se reunieran con él y dejaran el lado izquierdo a los pandilleros. Desde su posición privilegiada, el mariscal vio como el pandillero más débil bordeaba el campo de batalla para colocarse a sus espaldas (no era un problema por el momento pero podría convertirse en uno más adelante pues tenía unos cuchillos que podían ser lanzados). El del escudo y el hacha busco en una caja que estaba lejos del centro de la batalla, por lo que tampoco sería una amenaza a corto plazo. Además la suerte estuvo del lado de la Waffle-SS pues no sólo no encontró nada, sino que la caja explotó por estar en mal estado. Lástima que el escudo salvase de la muerte al vikingo. El que sí daba miedo era el 5º vikingo, que con su pistolón corrió por el centro del campo de batalla a buscar en la 4ª y última caja de suministros que había por el campo de batalla y que estaba dentro de una zona contaminada.. Una bala parecía poco, pero había que conformarse ya que los vikingos dominaban las dos que quedaban por abrir y encima el V Reich no tenía ni una sola máscara de gas.

 

La segunda parte de la batalla estaba por llegar, y el mariscal tuvo que tomar una decisión rápida. Instó a Ottro a correr al centro del campo de batalla a encargarse del vikingo que ocupaba el centro del campo de batalla, aunque perdiese su posición. El arco tenía más alcance y Ottro se encontraba demasiado lejos del arquero como para suponer una amenaza real. Así que se repitió el juego sucio del V Reich. Cuando el pandillero abrió la caja para buscar material bélico, lo único que encontró (porque la caja estaba vacía) fue un tiro por la espalda que lo tumbó instantáneamente.

 

El centro era del V Reich por el momento, pero los vikingos que estaban lejos comenzaban a acercarse. El de los cuchillitos ya estaba detrás del mariscal que tuvo que empezar a moverse para no ser un blanco fácil. Y el del escudo se aproximó al centro seguro de su protección.

 

El V Reich estaba en el centro con amenazas por todos lados, así que tenían que salir hacia algún lado. Mientras Ottro introducía la bala defectuosa que le quedaba en el cargador para disparar al tío del escudo, el mariscal ordenó a Erich que corriese hacia la arquera. Un subhumano está para eso, para recibir una flecha mientras los soldat corren libremente hacia el enemigo y pueden dedicarle un beso con una maza antes de que la arquera recargue. Todo salió al revés de como el mariscal lo había pensado. La bala defectuosa provocó una pequeña explosión y la pistola de Ottro quedó inutilizada. Y el monguer sí recibió la flecha, pero no resultó abatido, por lo que siguió moviéndose hacia el enemigo. Y ya para acabar de equivocarse, el pandillero que estaba detrás de él consiguió acercarse lo suficiente como para lanzarle un cuchillo. Menos mal que estaba demasiado lejos y no le hizo nada.

 

La tercera y última parte de la contienda estaba por llegar. Y dicen que la suerte sonríe al que la busca. No es el caso, pero esto es lo que sucedió: El del escudo se lanzó a por Ottro, que estaba aturdido por la explosión de su pistola. La suerte estuvo de parte de la SS, porque aunque el hacha impactó al soldat, se atascó con una cadena de water que Rainhard lleva en honor a su jefe y le salvó la vida. Con el arma del enemigo encallada, la suerte volvió a estar del lado de Ottro cuando el enemigo, viendo que no podía utilizar su hacha, dejo abierta su defensa al levantar el escudo para propinarle un buen golpe. Ottro pudo entonces darle un buen golpe con la culata de su pistola y dejarlo inconsciente. Con lo que no contó es con la gravedad. El escudo continuó cayendo y el trompazo que recibió lo dejó fuera de combate. Mientras tanto Water se quitó de la vista del lanzador de puñales. Un líder no debe enfrentarse a un enemigo salvo que sea el último hombre en pie. Otro golpe de suerte vino a suceder en ese momento. El subhumano aguantó el primer golpe en melé contra la arquera enemiga después de llevar una flecha clavada en el brazo; y sacando fuerzas de nosesabedónde se abalanzó sobre ella y le clavó las garras en el pecho. El esfuerzo, eso sí, lo dejó tan débil que se desmoronó cuando la vikinga le propinó un golpe a la desesperada con el arco mientras ella caía al suelo.

 

El final de la batalla llegó cuando el lanzador de cuchillos salió de su cobertura y Rainhard, esperando el momento, corrió a incrustarle la maza en el melón. No quedaban pandilleros en pie, todos debían estar llegando al Valhalla. Ellos se lo habían buscado. El V Reich había vencido de nuevo.

 

Victoria complicada gracias a la mala suerte para los vikingos. Y no sólo por el enfrentamiento, sino porque los rumores propagaron después la noticia de que la supuesta líder de los vikingos, la arquera que tan buena puntería tenía, había fallecido a causa del destrozo que le había hecho Erich por dentro de la caja torácica.

 

Por el lado del V Reich, las consecuencias no habían sido demasiado graves. Wilhelm y el subhumano tenían heridas leves y Ottro no había sufrido ninguna lesión.

Además, Water se notaba más diestro con la maza, y eso que no la había usado en combate todavía. ¿Quizás porque se pasaba la batalla enredando con ella mientras daba órdenes por el walkie-talkie? 

Ottro por su lado se estaba convirtiendo en un buen mostrenco. Aguantar la carga de un vikingo loco sólo se podía superar con fuerza.

Y Rainhard, por su lado, se estaba postulando como un buen explorador, escurridizo y sibilino. Sabía cuándo entrar en combate y cuándo era mejor evitarlo. Probablemente gracias a que no contaba con un walkie-talkie para recibir las órdenes directamente de su mariscal.

 

Sea como fuere, volvieron a la protección de su fuerte a pensar en el siguiente movimiento a realizar.

 

Una historia de flautaman666, sin fotos porque se le olvidó

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